¿Os suena de algo?

a ver quién lo adivina...

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Había una vez, al pie de una gran montaña, un pueblo donde vivieron personas conocidas como "Gente Feliz". Su existencia era un gran misterio para el resto del mundo. Oscurecido, como lo fue, por grandes nubes.
Allí ellos vivieron sus vidas felices, inocentes de la letanía de violencia excesiva que iba creciendo en el resto del mundo. Vivir en armonía con el espíritu de la montaña llamada "Mono" era suficiente.
Un día "Gente Rara" llegó a esa ciudad. Vinieron camuflados, escondiéndose detrás de anteojos oscuros, y nadie los avistó. Ellos solo los vieron como sombras. Sin ningún truco a sus ojos, la "Gente Feliz" se fue quedando ciega...
Cayendo de aviones y escondiéndose en agujeros, esperando al atardecer para arribar cuando la gente se va yendo a sus casas. Saltad detrás de ellos y disparadles en la cabeza, ahora todos bailarán la danza de la muerte...
A tiempo, la "Gente Rara" encontró su camino hacia la montaña, y allí estaban. Encontraron las cuevas de "La Inimaginable Sinceridad y Belleza". En esa oportunidad llegaron también a "El Lugar donde las Buenas Almas descansan".
La "Gente Rara" se apropió de las joyas de esas cuevas más allá de todas las cosas, y tan pronto como comenzaron a minar la montaña, la grieta llena de riqueza sembraba el caos en su propio mundo.
Mientras tanto, abajo en la ciudad, la "Gente Feliz" dormía sin parar y sus sueños eran invadidos por figuras sombrías que les escarbaban sus almas... Cualquier día, la gente podriá despertar y mirar hacia la montaña y pensar ¿por qué eso les brindaba oscuridad a sus vidas? Y como la "Gente Rara" minó tan profundo en la montaña, comenzaron a aparecer agujeros extraños, trayendo con ellos un viento ácido que molestó la verdadera alma del "Mono".
En un principio la "Gente Feliz" se sintió temerosa, ya que sabían que el "Mono" despertaría de su profundo sueño. Y de repente se esuchó un sonido... primero distante, y luego catastróficamente inmenso que pudo haber sido oído hasta en lo más lejano del espacio.
No hubo gritos porque no hubo tiempo... La montaña llamada "Mono" había hablado.
Pero únicamente habló fuego, y después... nada.
"Oh pequeño pueblo de EEUU, llegó la hora, como veréis. No hay nada que quisierais creer. Pero, ¿dónde estabais cuando todo eso vino sobre mí? ¿Me llamásteis?"